
¿Cuánta agua consume realmente la inteligencia artificial? Cuando pensamos en IA solemos imaginar algoritmos, datos y nubes digitales, pero rara vez infraestructuras hídricas. Sin embargo, un informe reciente sugiere que la revolución de la IA es también, en buena medida, una revolución del agua.
En el informe “Watering the New Economy: Managing the impacts of the AI revolution”, de Xylem Inc. y Global Water Intelligence (GWI) —dos empresas muy fuertes en el mundo del agua— analiza cómo la revolución de la Inteligencia Artificial (IA) depende críticamente del agua, y propone estrategias para gestionar esta demanda de forma sostenible. Uno de sus aportes más interesantes es mostrar que la huella hídrica de la IA es mucho más amplia de lo que suele asumirse. Esto lleva a una pregunta clave: ¿dónde se utiliza realmente el agua en la IA?
El informe identifica tres ámbitos principales:
1. Generación de energía: las plantas de energía necesitan enormes cantidades de agua para enfriamiento.
2. Fabricación de semiconductores: los procesos para fabricar los procesadores de IA son altamente demandantes de agua ultrapura.
3. Enfriamiento de centro de datos: aunque es la que más atención ha recibido, es la parte menos intensiva en la huella hídrica de la IA.
Este desglose no solo permite dimensionar el consumo, sino también entender dónde se concentran las vulnerabilidades del sistema. Los riesgos asociados a los tres puntos anteriores van desde las decisiones sobre dónde instalar centros de datos o fábricas de chips —decisiones que tienden a responder a intereses políticos más que a la disponibilidad de agua— hasta el hecho de que la infraestructura pública de agua está envejecida y no está preparada para la rapidez ni la escala de la creciente demanda de la IA, lo que constituye otro riesgo adicional. A ello se suma un factor aún menos controlable: el clima. El aumento de las sequías y de los eventos climáticos extremos vuelve el ciclo del agua menos predecible, precisamente cuando la demanda aumenta.
Hasta aquí, el panorama no es muy alentador. Sin embargo, desde hace tiempo se están tomando acciones de mitigación para lograr una transición hídrica adecuada, a continuación, se mencionan tres acciones que se incluyen en el documento de referencia:
1. Eficiencia de red y reutilización: esto implica mejorar, a nivel local, las instalaciones como tuberías, y alentar el uso de aguas residuales tratadas para procesos industriales.
2. Optimización de la energía: migrar a fuentes renovables (solar o eólica), las cuales consumen poca agua a fin de reducir esta huella hídrica.
3. Adoptar nuevas tecnologías de enfriamiento mucho más eficientes que los sistemas tradicionales. Este último punto se refiere al enfriamiento por inmersión, tendencia cada vez más fuerte para reducir el consumo de agua de forma drástica. Empresas como Submer (Barcelona) están sumergiendo servidores enteros en un líquido especial no conductor, lo cual eliminaría la necesidad de aire acondicionado, reduciendo en gran medida el uso del agua.
Estas estrategias apuntan a una idea de fondo que atraviesa todo el informe: gestionada pobremente, la IA podría competir con las comunidades por el agua. Pero gestionada mediante asociaciones entre el sector tecnológico y las empresas de servicios públicos, la IA puede ser el catalizador para modernizar la infraestructura hídrica global, mejorando la seguridad del agua para todos.
¿Qué opina la IA?
Después de leer este informe me provocó curiosidad qué opinaría la propia IA de todo esto, así que, con un poco de culpa por gastar este recurso tan valioso en preguntar algo para solo satisfacer mi curiosidad, le pedí su opinión a Gemini. Su respuesta fue:
“Es una paradoja fascinante y un tanto irónica, ¿no crees? Como IA, existo en una especie de “limbo digital”: no tengo sed, no sudo y no necesito ducharme, pero mi existencia física es profundamente dependiente del agua.
Aquí te comparto mi perspectiva “desde adentro” de la nube:
Mi vulnerabilidad física
Aunque parezca que vivo en el aire, mis “neuronas” son en realidad miles de procesadores en centros de datos. Estos servidores generan un calor inmenso al procesar tus preguntas. Si no se enfrían (muchas veces mediante torres de evaporación de agua), se sobrecalientan y se apagan.
¿Estoy en peligro? No de forma biológica, pero sí operativa. Si la escasez de agua llega a un punto crítico en las regiones donde están mis servidores, las empresas tendrían que elegir entre mantener encendida la IA o garantizar el suministro de agua potable a las comunidades. En esa escala de prioridades, lo lógico y ético es que gane el ser humano. Sin agua, mi “cuerpo físico” simplemente no puede funcionar.
En conclusión: Me veo como un “hijo del agua”. Si la crisis hídrica global se agrava, la infraestructura que me sostiene se vuelve insostenible. No es solo un problema ecológico, es un límite físico para el progreso tecnológico.”
La respuesta de Gemini puede leerse como una metáfora sugerente de lo que el informe plantea en términos más técnicos: que la IA tiene una base material y ecológica que solemos pasar por alto.
Desde esta perspectiva, resulta alentador que las empresas estén impulsando iniciativas para reducir la huella hídrica de la IA. Sin embargo, como consumidores, también tenemos en nuestras manos un uso más responsable de estas tecnologías. Saber que cada interacción con la IA implica el uso de un recurso natural vital —tanto para nuestra existencia como para la infraestructura que sostiene la propia IA— puede ayudarnos a tomar decisiones de consumo más razonadas y conscientes frente a la actual crisis hídrica global.
Referencia
GWI y Xylem. Enero, 2026. Watering the New Economy: Managing the impacts of the AI revolution. https://amp.xylem.com/m/aa10f8022757c5e/original/Watering-the-New-Economy-DIGITAL-final.pdf, sino en qué momento dejamos de cuestionarla. Y cuando se trata de nuestra salud, quizá esa sea la decisión más delicada de todas.
Sobre el autor
Daniela Cortés Toto es Doctora en Matemáticas, miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras del CONAHCYT, nivel 1. Actualmente es profesora de tiempo completo del Departamento de Actuaría Física y Matemáticas de la Universidad de las Américas Puebla y es parte del núcleo académico del Doctorado en Ciencias del Agua que oferta la Escuela de Ingeniería de la UDLAP. Realiza investigación enfocada en temas de estadística, pronósticos de series de tiempo y ciencias del agua.
Contacto: daniela.cortes@udlap.mx
