Cine IA: Imágenes “bellas” sin vida

En los últimos años, el cine generado con inteligencia artificial ha comenzado a ocupar festivales, plataformas y titulares que prometen una nueva revolución audiovisual. Pero tras las imágenes pulidas y los montajes dinámicos, la pregunta es: ¿Qué queda cuando la novedad técnica desaparece?

Con esa inquietud decidí dedicar un fin de semana a explorar cortometrajes creados íntegramente con IA. Uno de los primeros comentarios que encontré en la plataforma Shortverse condensaba una tensión que pronto se volvería recurrente:

— “Podría haber sido un mensaje realmente poderoso sobre un animal en peligro si estuviera bien animado/no hecho con IA.”

Este comentario hacía referencia a The Last Track por Óscar Sánchez, generado con inteligencia artificial que descubrí por accidente. The Last Track cuenta la historia de un zorro de porcelana que pierde la vida, después de ser atormentado por un despiadado cazador, dejando huérfanas a sus crías. El proyecto trata de reflexionar sobre el daño irreversible a la naturaleza causada por el hombre y su estética. Capta sin duda la atención en una primera instancia, sin embargo, la inconsistencia visual y de estilo distrae la atención de la historia hacia los aspectos técnicos. En este caso en particular, se siente como otro “slop” más –otra producción de baja calidad— que circula en internet que, aunque con buenas intenciones, no logra apoyar ni la narrativa ni resarcir las deficiencias de su estructura general y la experiencia.

El autor contestó al rechazo de su obra de esta manera — “Gracias por el comentario. La herramienta forma parte del lenguaje; el objetivo es que la historia, al final, transmita el impacto.”

Si bien no quedé satisfecha con este hallazgo, ni con la pobre defensa del autor, seguí en búsqueda de una mejor experiencia. Así descubrí a Attempt 1043, de One Side Media. En este caso, la consistencia visual y calidad de imagen es mejor a comparación del anterior, y, para el ojo no entrenado, puede burlar ciertas deficiencias técnicas. Sin embargo, los comentarios de usuarios evidenciaban la falta de esencia del proyecto nuevamente. — “Okay, se ve genial y no se nota que se usó IA. Sin embargo, no logré conectar con la historia ni con el personaje y en tan poco tiempo, no se contó mucho”.

Seguí buscando y encontré a Happy Grapes Year de Atakan Köse, que se llevó dos comentarios — “Aprecio el esfuerzo, pero con la IA siendo un dolor de cabeza para los cineastas, sería bueno que los proyectos que la usan tengan un enfoque claro sobre ello.” — “Contar una historia en un minuto es muy difícil. La idea me gustó, pero los personajes carecen de un toque humano y los gestos de IA distraen, afectando la credibilidad.”

Estos comentarios me llevaron a reflexionar que, evidentemente, la sensación después de terminar de ver cada obra era vacía. Es decir, visualmente había cierta atracción aun con los errores técnicos posteriores. Pero más allá de eso no había encontrado nada. ¿Es esta la esencia (hasta ahora) de cualquier proyecto hecho con inteligencia artificial? ¿Vacío detrás de las imágenes y sonidos atractivos generados a través de esta tecnología?

La promesa de la revolución: tecnología y repetición

Directores como Darren Aronofsky se aventuran al uso de la inteligencia artificial como herramienta de innovación, haciendo colaboraciones importantes con compañías como Google Deep Mind y Time, a través de su estudio Primordial Soup, donde la promesa es que el cine evolucionará y revolucionará tal como pasó con la transición del cine análogo al cine digital. Curiosamente, desde que dejamos el cine análogo, no hemos dejado de apoyar con efectos a la imagen para que se sienta “menos digital” y “más análogo”. ¿O qué decir de la nueva moda entre las nuevas generaciones de filmar con celuloide, como el director German Neudert, para traer de vuelta la calidad de la imagen del cine análogo? ¿O qué hay de Christopher Nolan, que opta por rodar en película de celuloide en lugar de digital, promoviendo el uso de formatos de película más grandes y de mejor calidad? Esta historia ya la hemos vivido antes. Side by Side (2012) de Christopher Kenneally nos lo mostró junto a Keanu Reeves, donde entrevistó a cineastas como Martin Scorsese, James Cameron y al propio Christopher Nolan sobre el dilema entre celuloide y digital, mostrando que el formato también define la manera de contar y pensar el cine.

Con todo esto en mente, me aventuré a una experiencia de Cine IA, en un fin de semana, para lograr experimentar la verdadera esencia de este. Mi primera búsqueda fue a través de Runway AI Festival, de la sesión 2025. Ahí, entre las películas que contendieron se encuentra More Tears Than Harm, de Herinarivo Rakotomanana –una película que ganó una mención especial. Aborda, de una manera superficial, la obra del pintor estadounidense Horace Pippin. El Grand Prix de este festival se lo llevó Total Pixel Space, de Jacob Adler. Plantea que la inteligencia artificial constituye una extensión natural de la evolución biológica, en la que los sistemas aprenden a procesar información cada vez más compleja, desde moléculas autorreplicantes hasta estructuras externas a la propia biología (Semley, 2025).

¿Puede una máquina plasmar la vida?

Sin embrago, aquí viene una pregunta importante ¿Por qué queremos hacer que una “inteligencia” que no conoce de la vida, plasme la vida? The Substance (2024), de Coralie Fargeat, hizo experimentación con prostéticos, sets y modelos en miniatura, túneles de luz y juegos con cámara para lograr efectos con alto impacto visual y realistas que, en palabras de la directora, lo hubieran logrado con imágenes generadas por computadora, pero decidió no hacerlo porque carecería de esa energía real que existe entre el juego de luces y la manipulación o juego con la cámara. La razón es sencillamente que cuando grabas a tiempo real puedes sentir, encuadrar y ajustar, de acuerdo a lo que se busca, y “experimentar el viaje”. Da un resultado distinto, es decir, logramos conectar con las sensaciones y sentimientos en la visión de la obra.

Otro proyecto que hay que mencionar en este contexto es la primera serie lanzada por Time, completamente con inteligencia artificial: On this Day … 1776, liderada por Darren Aronofsky y su estudio Primordial Soup. El proyecto se presenta como una de las promesas más innovadoras en la conmemoración del 250º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Las preocupaciones de este tipo de proyectos no se han hecho esperar y con justa razón, ya que no hay ningún actor humano: actores, escenarios y toda la puesta en escena fue generada completamente por IA, desafiando así al mundo del cine y entretenimiento. Pero a pesar de las imágenes elegantes, el proyecto tampoco logra alcanzar una narrativa viva, y termina sintiéndose vacío a nivel historia y emocional. Pienso que este proyecto pudo haber sido un éxito si no se hubieran concentrado completamente en la generación de imágenes por medio de esta tecnología. ¿O es acaso, el camino que la industria quiere recorrer? De ser así, mi apuesta es que tendrían que ir por audiencias mucho menos que críticas para que –desde mi muy humilde opinión– algo así pudiera ser rentable en los próximos años. La audiencia puede ser curiosa y aventurarse a pagar por algo nuevo y atractivo, pero hay que recordar que la audiencia es humana, y que vamos al cine o vemos películas por algo sumamente importante: las emociones y los sentimientos que nos originan estas obras.

Por otro lado, obras híbridas que mezclan la creatividad humana y el uso herramientas generativas como es el caso de Ancestra (2025) escrita y dirigida por Eliza McNitt que narra brevemente la historia de una mujer a punto de dar a luz es llevada de emergencia al hospital y que para salvar a su hija canaliza la fuerza de sus antecesoras transformando su amor en una energía cósmica capaz de salvarlas, resulta de algún modo más orgánico y menos artificial, de algún modo no se siente nuevamente como una pretensión a la innovación por el lujo de utilizar la tecnología generativa, sino como una herramienta que apoya la narrativa y la visión propia del director. La directora, en este caso, toma de referencia archivos familiares y la memoria de su madre para transformar una narrativa visual que entrelaza memoria ancestral y el cosmos. Sin embargo, las propuestas visuales generadas por IA tampoco son imágenes nunca antes vistas, si no, recordemos el arte del gran H.R Gigger con su estilo biomecánico mezclando el cuerpo humano con máquinas o qué decir del arte de Moebius (Jean Giraud) y muchos más. Finalmente, la IA no “alucinaría” como lo hace sin tener referencias de grandes artistas y todo lo que se encuentre en su basta base de datos.

Emoción, supervivencia y la ilusión de la inteligencia

Así, el escritor John Semley (2025) encuentra que diversas de estas propuestas comparten una sensibilidad estética común, caracterizada por un brillo comercial, montajes dinámicos y un tratamiento visual muy pulido, pero no hay mucho más que eso. Aquí, recuerdo a Según Antonio Damasio (2020), las emociones regulan nuestras necesidades vitales, y los sentimientos emergen después como una elaboración más compleja y consciente de esas emociones. Los sentimientos aparecen como un estado mental una vez que hemos experimentado esas emociones de miedo, angustia, alegría, malestar. La inteligencia artificial no ha tenido que luchar en nada, y eso conlleva a poder entender qué es la vida y cómo la proyectamos. El miedo a la muerte —la conciencia de que un día perderemos la vida— nos impulsa a aferrarnos a ella y a buscar trascender, ir más allá del espacio y del tiempo… Entonces, ¿por qué le llamamos inteligencia? Si la inteligencia artificial quisiera comunicarse al nivel que requiere una audiencia humana, habría que “humanizarla”, es decir, vulnerar su condición puramente técnica y otorgarle la capacidad de “sentir” y de proteger su bienestar. Siguiendo esta reflexión, el cine generado por IA podría al fina tener una esencia viva, en lugar de permanecer como un artificio vacío. Damasio acierta en que deberíamos observar a la inteligencia artificial como una herramienta para apoyar el avance del conocimiento, especialmente mediante la creación de modelos que simulan procesos complejos, y afirma que no basta con desarrollar sistemas inteligentes.

Mi fin de semana concluyó con esta última reflexión: el cine es y siempre será para la audiencia, y el arte –así como el cine— es y siempre será hecho por humanos. En cada historia hay un reflejo de nuestros sentimientos, esa supervivencia de la que nos habla Antonio Damasio. Así pues, si la IA no ha tenido que sobrevivir para existir y tampoco es amenazada su existencia, entonces no tiene capacidad de creación.

 ¿Es entonces la “inteligencia” artificial el enemigo a vencer o hay algo o alguien más que se oculta para hacernos olvidar nuestro verdadero propósito?

Sobre el autor

Natasha Rodríguez y Ramírez es MFA en Dirección de Cine y Televisión por EICAR París, con experiencia como directora y editora de películas independientes en live action y mixed media, proyectadas a nivel nacional como internacional. Es especialista en narrativa para cine y animación con un profundo conocimiento del lenguaje cinematográfico. Natasha integra su pasión por la ciencia ficción, el horror, la comedia y la aventura en sus proyectos. Actualmente, coordina el programa de Animación Digital en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), donde impulsa la creatividad y la innovación entre las nuevas generaciones de animadores en un campo en constante evolución.